El mundo de tu hijo

Bebés a la carta: el dilema

Posted on: abril 28, 2009

Los avances de la ciencia no pueden servir para que la gente pudiente económicamente pueda usarlos a su antojo. De ser así, entraríamos en un serio debate sobre dónde están los límites a la utilización de la selección genética.

Bebé recién nacido

Bebé recién nacido

En Andalucía nació a finales del año pasado el primer bebé seleccionado genéticamente en España para salvar la vida de su hermano. Los embriones obtenidos por fecundación in vitro de los óvulos y espermatozoides de los progenitores fueron seleccionados con el fin de no portar la enfermedad genética incurable que posee el hijo mayor de la pareja. No sólo se eligió un embrión sano para el nuevo hijo de la familia sino también genéticamente compatible con el de su hermano con el fin de salvarle.

El resultado de dicha prueba no deja lugar a dudas de la gran capacidad que con el tiempo ha adquirido la ciencia y de la exactitud de sus resultados. No podemos dar la espalda a este tipo de avances que tanto bien hace a los humanos. Sería imperdonable que, teniendo las herramientas suficientes, no hiciéramos uso de ellas por atenernos a una ética o moral anclada en el Medievo.

Las posibilidades que ofrece la medicina en el siglo XXI deben de ser aprovechadas pero no ser utilizadas al antojo de los particulares. La sociedad tiene que ser consciente de las repercusiones a largo plazo de algunas prácticas como la tan polémica elección de bebés a la carta. Niños que, de quererlo, pueden tener los ojos miel o el pelo zanahoria. Otra cosa es que se detecten enfermedades en los fetos como la fibrosis cística o la distrofia muscular de Duchenne. En ese caso, estamos ante una situación muy diferente, pues prevendríamos una vida sin muchas garantías de ser normal a largo plazo o de valerse por sí misma en un futuro.

Eso es adelanto. Mejorar lo presente, no modificar lo actual para que estéticamente sea más atractivo o para crear una sociedad más inteligente mediante la alteración genética. Porque aquí entra otra cuestión, ¿quién podría permitirse que su futuro hijo fuera más inteligente? ¿Hasta para fecundar un hijo guapo o inteligente tienen más oportunidades los más adinerados?

Y, si elegimos como será física e intelectualmente nuestro bebé, ¿de qué nos sorprenderíamos en la vida?

Sería un error que crearíamos una futura raza de individuos sin defectos. Le quitaríamos la magia a la reproducción.

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